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Todo ser humano tiene la tendencia a no salir de su zona de confort.

De manera general cuando vamos a entrenar solemos hacer lo que se nos da bien y dejar de lado lo que menos nos gusta, más nos cuesta o se nos da mal, limitando así nuestro aprendizaje y poniendo trabas a nuestro crecimiento como deportistas.

Para mejorar estas cualidades y aspectos podemos hacer un análisis de nuestras fortalezas y debilidades y así poder poner foco en aquellos que nos gustaría mejorar o tenemos dejados de lado.

Fortalezas: podemos verlas como las cosas positivas que tenemos o sabemos hacer, dentro de estas podemos encontrar nuestras capacidades, recursos y ventajas que nos pueden servir para escalar mejor o ser más resolutivos en determinados momentos. Ejemplos: la flexibilidad para subir un pie que está muy alto o el control del cuerpo a la hora de moverme entre volúmenes, etc.

Debilidades: averiguarlas a veces no es tan sencillo, son aquellos puntos débiles o aspectos que nos gustaría mejorar. Podemos detectarlos poniendo atención en nuestra escalada, generalmente son gestos o situaciones que limitan y reducen la capacidad de crecimiento y mejora como escaladores. Ejemplos: hacer mantels, ir dinámico, tener miedo a caer, etc. 

Recuerda que todo aquello a lo que dedicas tiempo, energía y trabajo, mejora. En el momento que te superes y veas tus progresos disfrutarás con aquello que evitabas. Habiendo convertido así tus debilidades en fortalezas.

A continuación os damos varios consejos para mejorar estos aspectos y así seguir creciendo como deportistas.

1. Aceptar la debilidad como parte del aprendizaje.

Tener debilidades no es algo malo, si no todo lo contrario, es un indicador de que tenemos aún muchas cosas que mejorar y que por lo tanto seguiremos creciendo como escaladores cada vez haciendo cosas más complejas. Solo son puntos que debemos trabajar más a fondo para ser mejor en ellos.

2. Escucha a tu cuerpo:

El cuerpo es sabio y sabe comunicarnos cuando algo no nos va bien, nos cuesta y podría generarnos malestar. Cuando creas que sientes una señal de advertencia es importante que pares y pienses.

3. Las comparaciones no son buenas:

No todos valemos para lo mismo, a cada uno se nos dan mejor unas cosas, unos tenemos unas habilidades y debilidades y otros otras. Por lo tanto, no pierdas tu tiempo en compararte con otras personas que entrenan a tu alrededor. Tus metas y objetivos son solo tuyos. Céntrate en tu entrenamiento, en buscar tus propios límites, sin fijarte en lo que hacen los demás. Fijarte en tus compañeros puede ser una fuente de conocimiento e inspiración, tenerlos como referente y nunca como competencia es clave. Celebra tus logros pero también los del resto, somos un equipo y estamos para apoyarnos.

4. Relaja tu mente:

Nos pasamos el día con un montón de cosas en la cabeza. Tómate tu tiempo de entrenamiento como un momento de diversión y aprendizaje. Sabes que dentro tienes un espacio solo para ti en el que no existe nada más que tú y tu entrenamiento. Mírate en el espejo, sonríe y da lo mejor de ti para alcanzar esa mejor versión que quieres llegar a ser.

5. Pregunta y pide consejo:

Habla con tu entrenador si necesitas consejo o si te surgen dudas, pero entiende que todos somos distintos y que el entrenamiento que ves hacer a una persona, no tiene por qué ser bueno para ti o para tus objetivos.

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