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¿Cuál es tu miedo: el Dr. Jekyll o Mr. Hyde?

La escalada nos lleva a vivir emociones intensas que nos atrapan y enganchan, pero también puede llevarnos a vivir emociones que nos paralicen. El miedo y sus derivados forman parte de este deporte que tanto nos apasiona. Ahora bien, ¿cuál es tu miedo en la escalada: el Dr. Jekyll (miedo equilibrante) a Mr. Hyde (miedo tóxico)?

El miedo, como todas las emociones es creado por el cerebro límbico. Esta emoción aparece cuando el cerebro reptilíneo, el más básico y antiguo, responsable de los instintos, detecta una situación (a través de los sentidos) que puede hacer peligrar la supervivencia, por lo que envía esta información al tálamo (integrado en el cerebro límbico) y, en este caso, mediante un “asalto límbico”, esto es sin que medie nuestro cerebro neocortical, (responsable de la capacidad de pensamiento y reflexión) provoca una reacción emocional (de la cual es responsable la amígdala, también integrada en el cerebro límbico) guardando además la información relativa a la situación en la memoria a largo plazo, para prevenirte en futuras ocasiones. Es después de sentir el miedo y haber tenido una primera reacción fisiológica, y hasta es posible que conductual, cuando utilizamos la capacidad de análisis y reflexión que nos permitirá decidir si hay o no peligro real y qué debemos hacer.

EsquemasMiedoEscalada

El cerebro límbico está en constante comunicación con la corteza cerebral, que es el cerebro que permite la reflexión a partir de la mente racional. Esta comunicación hace posible que podamos gestionar nuestras emociones y no estemos sometidos a su impulso.

Fisiológicamente el miedo provoca varias cosas: las pupilas se dilatan, el corazón bombea sangre a más velocidad, aumenta la presión arterial, el metabolismo cerebral y la glucosa en sangre; la frente se arruga, el sistema inmunitario deja de funcionar, los ojos se abren más y los labios se estiran horizontalmente. Además se producen tres hormonas: la adrenalina, la noradrenalina y los corticoides, también llamados hormonas del miedo. Los corticoides impiden que se produzca la conexión entre nuestras neuronas, la sinapsis, necesaria para la creatividad y de la capacidad para resolver situaciones.

ALGUNAS CLAVES SOBRE EL MIEDO BAJO EL MICROSCOPIO[1]
Todos para uno y uno para todos:  todos tenemos miedo. Es una emoción básica, que compartimos con el resto de mamíferos. Se activa cuando percibimos amenazas.
No es hijo único: el miedo conforma una familia de emociones, que comprenden desde el estrés, la angustia o el malestar temeroso, hasta la fobia, el pánico y el sobresalto.
¿Se nace o se hace?: nacemos con miedos innatos, desarrollamos otros y superamos unos cuantos, gracias al cambio de creencias, al refuerzo positivo y a la experiencia.
No es algo inventado: el miedo es producto de nuestra evolución. Tiene un porqué, nos hace más inteligentes y se alberga en el sistema límbico de nuestro cerebro, fundamentalmente.
Siento antes que pienso: la información del medio se filtra antes por el sistema límbico que por el neocórtex. Si tenemos miedo, somos incapaces de razonar brillantemente.
Cortocircuitados: con miedo somos menos creativos y envejecemos más rápidamente. Crea cortocircuitos en las conexiones neuronales.
Baile hormonal: el miedo activa un baile hormonal en nuestro cuerpo, generando adrenalina, noradrenalina, -hormonas del estrés- y corticoides –hormonas del miedo-, por las que llegamos a contraer enfermedades.
Dr. Jekyll (miedo equilibrante) y mister Hyde (miedo tóxico): el miedo equilibrante lo necesitamos, es sano. El miedo tóxico bloquea y paraliza. Mata el talento y el desarrollo humano.

[1] Fuente: Pilar Jericó (2010)

En la escalada, el medio vertical nos impone un miedo instintivo –el miedo a la caída y por tanto a hacernos daño. Mientras nos encontramos en zona segura (es decir que sentimos bajo control la situación), podemos tener una sensación de estar activados y emocionados. Empezamos a segregar adrenalina y esto nos gusta, nos sentimos “poderosos”. Ahora bien, cuando entramos en zona de inseguridad (por ejemplo al sentirnos cansados, no ver claro el siguiente paso, encontrarnos en una zona de la vía con una caída peligrosa, etc.), pasamos a segregar noradrenalina y corticoides, las hormonas del miedo, que nos avisan de que peligra nuestro bienestar o incluso nuestra supervivencia. En un primer momento se disparan en pequeñas dosis, por lo que podemos seguir funcionando y pensando con cierta claridad. Hasta aquí funcionamos con el Dr. Jekyll, pero si no hacemos algo, ya sea en el plano del pensamiento (reenfocar la situación) o de la acción (reducir o eliminar los factores de riesgo, descansando o volviendo a zona segura), el nivel de hormonas del estrés y del miedo que segregamos va aumentando hasta que nos paralizan y bloquean completamente (podemos llegar a encontrarnos presos del pánico).  En este momento ya hemos pasado a funcionar con Mr. Hyde.

Cada persona posee un umbral de tolerancia al estrés, así como también varía, de unos a otros, la percepción de zona de seguridad o inseguridad. Estos umbrales se pueden mejorar con la práctica (exposición gradual y continua a los factores causantes del miedo). Esto lo habéis comprobado muchos de vosotros, recordad qué situaciones os estresaban o llegaban incluso a produciros verdadero temor, y cuánto tiempo aguantabais la incomodidad del estrés. Comparadlo con lo que aguantáis ahora y con las situaciones que ahora necesitáis para sentir miedo, seguro que requieren más dificultad para vosotros y/o mayor nivel de riesgo.

Alguno de vosotros puede que piense: “yo sigo igual de temeroso que al principio”, lo único que he hecho es ponerme más fuerte, física y técnicamente, pero no ha aumentado mi umbral de tolerancia al estrés ni ha disminuido la intensidad del miedo que siento en situaciones de riesgo de daño.

Si este es tu caso, la clave está en que tu cerebro pasa demasiado rápido del miedo equilibrante al miedo tóxico, seguramente porque tienes guardado “a fuego” el miedo en tu memoria a largo plazo (cerebro límbico), ya sea por una experiencia negativa previa relacionada con la actividad, o por creencias limitantes relacionadas con tu capacidad para afrontar situaciones de riesgo con éxito, lo cual incrementa el miedo. En la etapa de 0 a 6 años estamos absorbiendo todo tipo de información que nos prepara para la vida adulta, algunas de estas informaciones –creencias- nos potencian y otras nos limitan y normalmente no somos conscientes de ello hasta que sentimos limitaciones en actividades que emprendemos de mayores.

Las creencias limitantes se pueden cambiar, y al hacerlo aumentamos nuestra percepción de seguridad en la actividad, por lo que el miedo sentido se reduce considerablemente. Si a esto le sumamos una práctica controlada de la caída para mostrarle al cerebro que es una actividad “inofensiva” e incluso que puede generar emociones positivas, todo ello ayudará a que transformemos a Mr. Hyde en el Dr. Jekyll y podamos disfrutar y progresar en nuestra escalada.

África Martín

Directora y Fundadora Programa LINCE

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