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El 31 de agosto de 1992 desaparecía el escalador alemán que se ha convertido en el icono más recordado del deporte de la escalada. Veinte años después, sigue siendo recordado por las nuevas generaciones de un deporte muy joven.

El mundo de la escalada deportiva ha heredado del alpinismo la afición a considerar la gente más fuerte como hechos de otra materia que el común de los mortales. Al igual que el mundo de la música, las artes escénicas o la literatura tiene su peculiar «star system». Con el camino hacia la tecnificación, las competiciones y el alto rendimiento, hace ya algunos años que los mitos van perdiendo fuerza: los resultados en el deporte se ven como la consecuencia lógica del esfuerzo. Los entrenamientos en escalada son más tecnificados: ha pasado la era de los superhombres para dejar paso a la normalidad. Hace veinte años el mito fue Wolfgang Gullich, (Ludwigshaffen, 1960-1992). Sus métodos de entrenamiento para la escalada y sus ideas vanguardistas ayudaron a romper la época heróica de este deporte.

Los mitos de la escalada deportiva

A la escalada deportiva le costó mucho desprenderse de la idea de riesgo que subyacía debajo de ese tema de subirse a las paredes. Wolfgang Gullich estuvo en el frente de todas estas discusiones, cuando comenzó a subir sin ayuda por las vías tradicionales de las paredes del Palatinado junto a su amigo Kurt Albert (rotpunkt) De esta manera pronto abrieron la escala de dificultad proponiendo el primer séptimo grado, cuando el sexto superior era el límite de lo humanamente posible. Wolfgang Gullich iba a dedicar su vida a derribar imposibles. En aquellos últimos años setenta del siglo XX y primeros ochenta, la voz cantante de la escalada libre la llevaban los americanos y franceses. Los mitos de la época son Patrick Edlinger, los hermanos Le Menestrel, Jacky Godoffe, Jean-Baptiste Tribout, Ben Moon, o Jerry Moffat.

Gullich y el entrenamiento en escalada deportiva: campus board y el superreclutamiento

En sus 32 años de vida, Gullich fue un activo viajero y escalador. Cumplió el sueño de su generación de llevar la alta dificultad en escalada libre a las altas paredes: la Torre del Trango (Karakorum), y la Torre Central del Paine (Patagonia) vieron liberaciones -escaladas en libre- de la cordada alemana, con vías abiertas de hasta 7 C de dificultad. Gullich había ido añadiendo dificultad a lo posible en este tipo de escalada: primer 8b, primer 8b+ y primer 8c. Lo que lleva a las vías de Gullich a la excelencia deportiva es la exigencia física, para lo que tuvo que inventar algunos métodos de entrenamiento de la fuerza vanguardistas. Desde luego, su apariencia musculada -tanta que fue doble de Sylvester Stallone en la película Máximo Riesgo- parecía más propia de un culturista que de un escalador. Lo cierto es que, además de ser un escalador sumamente constante y talentoso, desarrolló su fuerza con métodos como el «superreclutamiento» o el «campus board«. Este último método, una aportación de Gullich, sigue siendo una de las mejores maneras de desarrollar la fuerza para escaladores de alto nivel. Y lo que le llevó a romper el último límite.

Gullich y el noveno grado

La zona de Süpfalz, cercana a Ludwigshaffen, es una arenisca de extraños cantos. Acostumbrado a esta, sin embargo fue en el Jura donde saltó la noticia del primer 9a de la historia. Un desplome de 12 metros y 45º, con ínfimos agarres rompía de nuevo las barreras de lo posible. Lo que Gullich había propuesto en realidad era un grado XI (recordemos que la escala estaba cerrada en VI antes de Albert), que podía equivaler a 9a francés, lo que provocó muchas dudas y opiniones críticas algo gratuitas. Para quien ha probado las vías de la escuela de Südpfalz, y comprobado el rigor en la graduación, es dudoso que si aquella gente proponía un grado, este fuera a ser decotado. Una decena de repeticiones y dos décadas después, el grado de «Action Directe», el primer 9a, sigue inamovible. Gullich, a quien desagradaban las posturas arrogantes no había exagerado. Un año después, un accidente de coche terminaba con la vida de Wolfgang, un 31 de agosto de 1992. Cualquier escalador de aquella época recuerda dónde estaba en el momento en que se enteró de la noticia. Pero por su postura ante la vida y sus logros deportivos, es hoy el único escalador deportivo de aquella época que sigue siendo recordado y adoptado por las nuevas generaciones.

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